Tengo miedo

tengo miedo

todo níveo

todo nivelado hacia abajo

tengo miedo

todo blanco

el cielo azul

ese árbol marrón y verde

en sus ramas un pájaro

trina

no lo veo

trina

lo busco

trina-trina

tengo miedo

y el pájaro

trina

para

lo veo volar a otra rama

silencio

el pájaro

trina

¿por qué tengo miedo

si el pájaro está trinando?

Raquel Moreno

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Marina Izquierdo: NO QUIERO SER MARILYN

No quiero ser Marilyn.

Salmuera en el couché

embalsamada en el tiempo detenido 

de la muerte a destiempo.

No quiero ser Marilyn.

Portada adolescente vintage

cartel de piso de estudiantes, 

icono feliz de un tiempo infeliz.

Sí quiero pintar canas 

y cuentos de vieja. 

Coleccionar cumpleaños 

y maquillar arrugas.

Sí quiero ver volar a mis discípulas, 

conseguir a mis nietos y responder

al grito de abuela, yaya, abu 

o como demonios quieran bautizarme.

Crecer, soñar, compartir. 

Alentar, dudar aseverar. 

Pintar mis labios 

en el carmín de una sonrisa. 

Ni leyenda ni maldita. 

Ni carne de mito 

ni gozo de santuario. 

No quiero ser Marilyn.

Marina Izquierdo, La mitad silenciada, editorial Lastura, Ocaña, 2016.

Francisco Domene: AJUSTE DE CUENTAS

SOBRE LA SIMULTANEIDAD


Él la quería más despacio o más

 deprisa, nunca al mismo tiempo, 

ni a parecida diligencia. Pero 

se amaban. Su amor era disidente, 

aunque innegable. 


Él estaba educado para 

la contrariedad y ella para 

la contradicción. Pero se amaban. Defendía 

ella 

la libertad de hacer algo o de no 

hacerlo. Sin embargo, 

él 

se escudaba en la libertad 

para hacer una cosa u otra.


Apenas les unía una misma codicia: 

ser en el otro, estar 

en el otro

sin dejar de ser ellos mismos.


Pero se amaban: la piel de uno, 

descompensada, neurasténica, 

repiqueteaba como 

impaciente lluvia intramuros en 

la piel del otro, aun 

cuando cada uno de sus gestos, cada 

beso, eran precedidos 

por una breve exposición 

analítica.


De madrugada,

 el sabor panteísta del culo de ella 

era para él difícil de negar. 

Al anochecer, a ella las manos ebrias de él 

la sumían en un blando y secreto 

eclecticismo discrepante.


En ocasiones, uno ejercitaba

 su libertad de coacción 

sobre la libertad de indiferencia 

del otro.

                   Y, otras veces, 

fraguaban juntos formas nuevas 

de libertad, que nunca compartirían porque 

se amaban 

radicalmente libres como dos 

desconocidos.


                       (…la libertad, ay, ay, esa íntima 

                        y trivial condición perecedera.)


Francisco Domene, Ajuste de cuentas, Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, 2016.

Este libro ganó el XXVII Premio Nacional de Poesía “José Hierro”.

Lectura del poema: https://twitter.com/poesiaymovil/status/826698353278754817 

Bob Kaufman: He doblado mis penas

HE DOBLADO MIS PENAS
He doblado mis penas en el mantel de la noche de verano,

Asignado a cada breve tormenta su lugar indicado en el tiempo,

Silenciosamente persiguiendo historias catastróficas enterradas en mis ojos.

Y sí, el mundo es un tipo de juego Cósmico sin jugar,

Y el sol todavía queda a noventa-tres millones de millas de mí,

Y en el bosque imaginario, el hipopótamo tejado llega a ser el unicornio gay.

No, mi tráfico no es con guardianes podridos del desastre de ayer,

Buscadores de manifestaciones de desntrañamiento en los palos de los dolores de ayer,

Tristezas que vienen vestidas como ecosintrospectivos de un viaje.

Y sí, he escudriñado los cuartos de la luna en fías noches de verano.

Y sí, he vuelto a luchar con aquellos encuentros sin acabar. Aún quedan sin terminar 

Y sí, a veces he deseado ser algo diferente.
Las tragedias se cantan cada noche en los funerales del poeta;

El alma revisitada está envuelta en el aura de familiaridad.
Bob Kaufman,  & Yo hablo mariposa, Huerga y Fierro editores, 2016, Madrid.

Traducción de David Bobis y Zackary Payne.
I HAVE FOLDED MY SORROWS
I have folded muy sorrows into the mantle of summer night,

Assigning each brief storm its allotted space in time,

Quietly pursuing catastrophic histories buried in my eyes.

And yes, the world is not some I played Cosmic Game,

And the sun is still ninety/three million miles from me,

And in the imaginary forest, the shingled hippo becomes the gay unicorn.

No, my traffic is not with addled keepers of yesterday’s disasters,

Seekers of manifest disemowelment on shafts of yesterday’s pains.

Blues come dressed like introspective echoes of a jorney.

And yes, I have searched the rooms of the moon on cold summer nights.

And yes, I have rebought those unfinished encounters. Still remain unfinished.

And yes, I have at times wished myself something different.


The tragedies are sung nightly at the funerals of the poet;

The revisited soul is wrapped int he aura of familiarity.



Traición libre (traducción como me da la gana, porque sí).

HE ARCHIVADO MIS PENAS  

He archivado mis penas dentro del manto de la noche de verano,

Asignando a cada pequeña tormenta su distribución espacial en el tiempo,

Perseguido tranquilamente historias catastróficas sepultadas en mis ojos.

Y sí, el mundo no es algún tipo de Juego Cósmico sin jugar,

Y el sol está aún a noventa-tres millones de millas de mí,

Y en el bosque imaginario el hipopótamo, con su corte de pelo a lo garçon, se convierte en el unicornio homosexual.

No, mi trajín no sucede con cuidadores de desastres de ayer, desconcertados,

Rastreadores de manifestaciones evisceradas sobre los rayos de las penas de ayer.

El blues viene vestido como los ecos introspectivos de la jornada.

Y sí, he buscado las agitaciones de la luna en unas frías noches de verano.

Y sí, me he enfrentado a aquellos encuentros inacabados. Aún, permanecen inacabados.

Y sí, tengo momentos en los que desearía ser algo diferente.
Las tragedias se cantan durante la noche en los funerales del poeta;

El alma revisada esá envuelta en el aura de la familiaridad.
Traición perpetrada por Raquel Moreno.

Anne Carson: Ensayo sobre aquello en lo que más pienso

EL error.

        Y sus emociones.

        Al filo del error hay un estado de miedo.

        En medio del error hay un estado de insensatez y derrota.

        Advertir que se ha cometido un error despierta vergüenza y remordimiento.

        ¿De veras?


        Analicémoslo.

        Mucha gente, incluido Aristóteles, considera el error

        un suceso mental interesante y valioso.

        En su análisis de la Retórica

        Aristóteles señala que hay 3 clases de palabras.

        Desconocidas, específicas y metafóricas.


        “Hay, sin duda, palabras que nos son desconocidas,

        mientras que las específicas las conocemos ya; 

        pero lo que principalmente consigue darnos [alguna enseñanza y mayor placer] es la metáfora”

        (Retórica, 1410b10-13).

        ¿En qué consiste el placer de la metáfora?

        Aristóteles dice que la metáfora parece que la mente se experimente a sí misma

        en el acto de cometer un error.

        Él se imaginaba la mente moviéndose sobre una superficie plana

        de lenguaje ordinario

        cuando de pronto

        esta superficie se rompe o se complica.

        Lo inesperado emerge.


        Al principio parece extraño, contradictorio o equivocado.

        Luego cobra sentido.

        Y, en ese instante, según Aristóteles,

        la mente se vuelve sobre sí misma y dice:

        “¡Es verdad, y sin embargo lo malinterpreté!”

        De los errores genuinos de la metáfora se puede aprender una lección.


        No sólo que las cosas son distintas de lo que parecen,

        y por eso las malinterpretados, 

        sino que esta equivocación es valiosa.

        Aférrense a ella, dice Aristóteles, 

        hay mucho que ver y sentir ahí.

        Las metáforas le enseñan a la mente 


        a disfrutar del error y 

        a aprender 

        de la yuxtaposición de lo que es y lo que no es.

        Hay un proverbio chino que afirma,

        El pincel no puede escribir dos caracteres de un solo trazo.

        Y sin embargo


        esto es lo que hace un buen error.

        Ahí va un ejemplo.

        Es un fragmento de un poema lírico de la antigua Grecia

        que contiene un error de aritmética.

        El poeta no parece saber

        que 2+2=4.


        Alcmán, fragmento 20:

             [?]tres estaciones hizo, el verano,

             el invierno, y el otoño la tercera,

             y la cuarta la primavera, cuando

             las plantas echan brotes, pero comer en abundancia

             no es posible.


        Alcmán vivió en Esparta en el siglo VII a. C.

        Bien, Esparta era un estado pobre

        y es improbable 

        que Alcmán llevara una vida próspera o bien alimentada.

        Este dato constituyen el fondo de sus comentarios 

        que culminan en hambre.


        Sentimos siempre el hambre 

        como un error.

        Alcmán nos hace experimentar ese error 

        con él 

        gracias a su uso eficaz de error computacional.

        Ante un pobre poeta espartano 


        sin nada en la alacena 

        al final del invierno 

        se presenta la primavera 

        como una nueva ocurrencia de la economía natural, 

        la cuarta en una serie de tres, 

        descabalgando su aritmética 


        y encabalgando su verso.

        El poema de Alcmán se detiene a medio camino de un yambo 

        sin molestarse en explicar 

        de dónde vino la primavera 

        o por qué los números no nos ayudan 

        a controlar mejor la realidad.


        La tercera, que logra poner en juego 

        algunas cuestiones metafísicas fundamentales 

        (como Quién hizo el mundo) 

        sin un análisis explícito.

        Cabe advertir que el verbo “hizo” en el primer verso

        no tiene sujeto [?]


        Es muy poco habitual en griego 

        que un verbo no tenga sujeto, de hecho 

        es un error gramatical.

        Los filólogos más rigurosos nos dirán 

        que este error no es más que un accidente de transmisión, 

        que el poema tal y como lo conocemos 


        es sin duda un fragmento desprendido 

        de un texto más extenso 

        y que Alcmán seguramente 

        nombraba al agente de la creación 

        en los versos precedentes.

        Puede que así sea, en efecto.


        Pero, como saben muy bien, el objeto primero de la filología 

        es reducir todo placer textual 

        a un accidente de la historia.

        Y cualquier afirmación sobre lo que el poeta 

        quiso decir exactamente me incomoda.

        Así pues, dejemos el interrogante donde está, 


        al comienzo del poema, 

        y admiremos el coraje de Alcmán 

        al enfrentarse con aquello que pone entre corchetes.

        La cuarta cosa que me gusta 

        del poema de Alcmán 

        es la impresión que da


        de estar soltando la verdad a su pesar.

        muchos poetas aspiran 

        a este tono de lucidez involuntaria 

        pero pocos lo consiguen de forma tan sencilla como Alcmán.

        Por supuesto, esta sencillez es falsa.

        Alcmán no es sencillo en absoluto, 


        sino un maestro del artificio, 

        o lo que Aristóteles llamaba un “imitador” 

        de la realidad.

        La imitación (mimesis en griego) 

        es el término colectivo que Aristóteles otorga a los errores 

        genuinos de la poesía. 

        Lo que me gusta de este término 


        es la facilidad con que acepta 

        que aquello a lo que nos enfrentamos cuando hacemos poesía es el error, 

        la creación a voluntad del error, 

        la ruptura y complicación deliberada de errores 

        a partir de los cuales puede surgir 

        lo inesperado.


        Así que un poeta como Alcmán 

        sortea el miedo, la ansiedad, la vergüenza, el remordimiento 

        y todas las emociones absurdas asociadas al error 

        a fin de enfrentarse al hecho mismo.

        El echo en sí para los humanos es la imperfección.


        Alcmán rompe las reglas de la aritmética 

        y pone en peligro la gramática 

        y desordena el metro de su verso 

        para llevarnos hasta ese hecho.

        Al final del poema el hecho permanece, 

        y Alcmán sigue probablemente igual de hambriento.


        Sin embargo, algo ha cambiado en el cociente de nuestras expectativas.

        Pues, al malinterpretarlas,

        Alcmán ha perfeccionado algo.

        En realidad, ha hecho algo más 

        que perfeccionar algo.

        De un solo trazo.


        Anne Carson. En Hombres en sus horas libres, Editorial Pre-Textos, 2007.

        (Traducción de Jordi Doce).